March 30th, 2015 by carlos Alejandro

Dilma y Enrique

DILMA Y ENRIQUE

Por Carlos Alejandro

26 de Marzo de 2015

 

Los dos colosos están en problemas. Es curioso que las dos potencias, las dos economías más poderosas de la región y los dos países más influyentes de Latinoamérica, simultáneamente estén inmersos en graves problemas que no encuentran salida.

O tal la salida de la crisis de ambos esté precisamente en la salida de sus presidentes: Dilma Roussef de Brasil, y Enrique Peña Nieto, de México, algo que reclaman muchos ciudadanos como, según ellos, la solución a todos los problemas que enfrentan sus ciudadanos en lo político, en lo económico y en lo social. Obviamente, no es nada facil lo que algunos piden: los procesos legales para la salida de ambos es sumamente complecida y complejo y quizá esa medicina es peor que el remedio.

Porque los enemigos de Dilma y Enrique creen que yéndose ambos la solución a todo se arreglará como tan sólo estirar una varita mágica en cuestión de minutos. Lo que hacen, es engañar a los ciudadanos de los dos países, porque las dificultades que enfrentan los gigantes son estructurales y no de personas.

Porque la corrupción es un mal endémico, sobre todo en México, país donde campea en todos los niveles, en toda la sociedad y en todos los estamentos políticos y de partidos gobernantes. En Brasil, los casos de corrupción en la empresa petrolera estatal apenas asoma la punta de iceberg de una corrupción generalizada y ha mojado a toda la clase política, sobre todo la del partido de Dilma. Ella y su gobierno han sido incapaces de frenar la corrupción, de controlar la economía y de fomentar cambios políticos que piden a gritos los brasileños.

Algo semejante ocurre con Enrique, en México, tal vez con consecuencias más graves, porque la corrupción es galopante y no hay forma de frenarla, simplemente porque la clase política corrupta no quiere acabar con ella por los múltiples beneficios que recibe de ella. Al igual que en Brasil, el gobierno mexicano ha sido incapaz de mejorar la economía y la movilidad política de Enrique ha sido más lenta que la de un paquidermo, para frenar las movilizaciones y acusaciones populares que casi lo echan a la calle por los casos de Iguala y Tlatlaya, así como por las movilizaciones de los maestros (si es que así se puede calificar a toda una punta de vagos inescrupulosos) que con toda cachaza piden que no haya elecciones en Guerrero, tan sólo porque ellos así lo quieren. De un lamentable caso criminal, ahora se la han tomado como un caso político que favorece al crimen organizado que parece estar atrás del movimiento magisterial del Guerrero, brincándose la decisión de millones de mexicanos que sí quieren participar en procesos electorales y que desean paz y tranquilidad social y laboral.

Tanto Dilma como Enrique enfrentan el cuestionamiento popular sobre su capacidad de gobernar y un día sí y otro también lo manifiestan en marchas y plantones que afectan la de por sí quebrantada economía. Los dos gobiernos enfrentan restricciones económicas y financieras que no han sabido solucionar más que con recortes y más recortes presupuestales que afectan a millones de sus ciudadanos.

La pobreza ha crecido, el desempleo ha crecido, la falta de oportunidades se ha incrementado y no se ve en ambos casos una solución en el corto plazo, lo cual es muy malo porque sin duda afectará el futuro económico y social de los dos países.

Dilma y Enrique están en sus niveles más bajos de popularidad. Dilma acaba de ganar la reelección, pero eso no es garantía de nada. Enrique tiene frente a sí el gran reto electoral de junio próximo, que se le viene complejo y complicado por un electorado insatisfecho y por unos enemigos políticos que apuestan a la desaparición de su gobierno, como si ellos fueran magos que todo van a resolver. Ellos también han pecado de incompetencia y no se ve que tengan elementos suficientes para hacer mejor las cosas y un mejor gobierno.

Dilma y Enrique están solos fre nte al mundo y frente a sus ciudadanos y así van a seguir. Lo que les urge es un plan B que cambie su estrategia de gobierno pero ya, porque a ambos les quedan bastantes años (4 a ambos) de gobernar dos países que están pidiendo a gritos cambios fundamentales en la forma de hacer gobierno y en la forma de crear una mejor economía que atienda a las clases más necesitadas y que arranque desde ya una recuperación económica y social. Y les queda muy poco tiempo para hacerlo.

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