August 5th, 2017 by carlos Alejandro

Nicolás Maduro, el Dictador

158 NICOLAS MADURO, EL DICTADOR (c)

Por Carlos Alejandro

1 de Agosto de 2017

Si había alguna duda, o si alguien era escéptico, los hechos del 30 de julio son prueba fehaciente del destino que le depara a Venezuela: una dictadura.

En un proceso amañado, donde las urnas en gran cantidad fueron colocadas en zonas de control del chavismo; listas diseñadas sólo para votantes afines; el escrutinio resultó extrañamente favorable 100% al régimen; se impidió por todos los medios a la oposición acercarse siquiera a las urnas; el gobierno se opuso a sangre y fuego a que se contabilizaran los votos contrarios.

En fin, una parodia y una maquinaria bien aceitada para favorecer el “aplastante” triunfo del proyecto de Nicolás Maduro consistente en echar a andar un congreso constituyente totalmente cargado al régimen.

Es un órgano que nace de y para los cuates, porque la gran mayoría de los candidatos a diputados resultan ser personeros del gobierno actual, amigos y colaboradores muy cercanos de Maduro y del gobierno. Todo a modo.

Este adefesio de órgano se encargará de aprobar una nueva constitución en la que se eliminarán con seguridad los derechos ciudadanos básicos; donde cualquier intento de oponerse o de crítica, será fácilmente aplastado bajo el paraguas de la constitución. Los derechos humanos serán severamente restringidos para continuar con un proyecto dizque socialista que elimine al ciudadano.

La libre empresa y el comercio serán regulados en extremo para limitar su crecimiento y funcionamiento, sin menoscabo de que la libertad de información será nulificada.

Total, un avance hacia atrás en las libertades sociales y un crecimiento del aparato gubernamental, que ahora sí, con la oposición aplastada, seguirá vía libre.

Maduro ya puso en forma clara sus cartas sobre la mesa: una vez concluido el proceso electoral, tomó prisioneros a las figuras prominentes de la oposición. Es difícil predecir cuánto tiempo los mantendrá bajo las rejas, pero se antoja que será bastante.

Un estado dictatorial, represivo, policiaco, es lo que va a emanar del congreso constituyente.

Pobre país, con niveles nunca antes vistos de inflación, con la economía destrozada, inerte; de carencia de tantos productos básicos de subsistencia; con una población que tiene hambre y que carece de los servicios médicos elementales.

Pero más allá del desatre que se avecina para Venezuela, debemos preguntarnos porqué. Y la respuesta es muy simple: Los políticos tradicionales tienen enorme culpa de lo ocurrido en ese país, porque arrastraron la corrupción por todos lados y mostraron su manifiesta incapacidad para trabajar en beneficio del pueblo.

Antes bien, se dedicaron al pillaje y a darse con todo para prevalecer en la escena política nacional. Pleitos, discusiones bizantinas, repartición de culpas de todo, incapacidad para gobernar, represión contra el bando opuesto. Por todos los medios había que destrozar al contendiente.

Resultado: el estado de cosas permitió la llegada del coronel Hugo Chávez con un proyecto reivindicativo de la función política, favorable a la gente. Total, uno de los países más ricos del planeta se podría permitir una revolución socialista, que haría una justa repertición de la enorme riqueza, basada en la renta petrolera.

Las cosas más o menos caminaron en la economía bajo la mirada de Chávez, a costa de ventas petroleras a futuro, sobre todo a China. Pero llegó un momento en que los créditos eran más altos que las ventas, no alcanzaban los dólares para pagar y las cosas comenzaron a descomponerse, sencillamente porque los chavistas no supieron gobernar y se dedicaron a lo que hacían los políticos de antes: la corrupción.

Más aún cuando Maduro llegó al poder gracias a la voluntad del mandatario fallecido, la vida de Venezuela se fue al vacío. Es cierto, Maduro no es Chávez, ni en inteligencia, ni en carisma, ni en habilidad política. Con frecuencia debe acudir al consejo y operación de los cubanos, que para eso de la resistencia sí se pintan solos.

Vientos negros soplan en Venezuela. Los caminos para una democracia plural están cerrados y lo estarán quién sabe por cuánto tiempo. La economía debe trasformarse para permitir la libre empresa y el comercio nacional e internacional.

El problema de Venezuela es que no hay figura alguna que pueda enderezar la vía para transitar hacia una integración de todos los ciudadanos. Cuando Maduro se vaya a su casa, a saber quién lo va a sustituir, pero no esperemos una vuelta a la normalidad, porque el aparato oficial está enquistado en un proyecto que no quiere cambiar y que, además, no encuentra salidas dignas y decorosas para todos.

Seguiremos observando esta lamentable situación política, económica y social de ese país tan entrañable.